viernes, 1 de enero de 2016

El recuento de los daños

Tengo que confesar que hubo una intensa temporada en que dejé de consumir literatura y me concentré en libros de auto-ayuda... hasta que me dí cuenta que todos dicen lo mismo, y finalmente le endosan a uno la responsabilidad que tiene desde antes de comprar el libro o escuchar el programa de la Sra. Debayle... es decir, uno debería saber desde el principio que es responsable de su vida, tanto de lo que construye como de lo que destruye.
Sin embargo, uno piensa que el pasado puede "superarse" simplemente pretendiendo que no existe, no hablando al respecto, contando la misma historia, o quemando las fotografías... en realidad, el pasado constituye parte de la historia que nos permite situarnos en el presente, pero para esto, hay que hacerse cargo de él.
Después de años de pretender que las cajas de la mudanza algún día se abrirían y los objetos encontrarían su lugar, sin que yo hiciera nada al respecto... hasta que decidí hacer el esfuerzo por apropiarme de lo queda de un pasado que se parece al de muchas personas... la trayectoria de una montaña rusa, con ascensos, descensos, vueltas de 360°, adrenalina y calma... pero que no puede estancarse.
Vacaciones para volver a entrar a esa casa, que inició en un presente con perspectivas distintas, poner orden en los objetos del pasado, separar el trigo de la paja y pensar que hacer con aquello con lo que me quedo en el presente... en donde encajan las cosas y cuál es su destino...entregar lo que no es de uno y - al poner orden - también hacer recuento, pensando que los pasos que siguen tienen que enfocarse para adelante... sin olvidar el balance que se deja atrás.
Lo peor, es que no son los objetos, sino las palabras, las que van construyendo el lazo del pasado con el presente... y si se trata de música - aquí está mi "hit" de la temporada:


Lo que sea que signifique "feliz año nuevo"... representa lo que cada quien le ponga a la vida en compañía de los demás, en un entorno en equilibrio... deseo que - como lo has hecho hasta el momento - lo consigas también en esta ocasión... ¡Feliz 2016!

domingo, 27 de diciembre de 2015

Fotografía

Hace mucho tiempo, en una ciudad más afable y menos poblada, había fotógrafos callejeros que habían desarrollado un estilo muy peculiar... te tomaban la foto mientras caminabas y luego te la vendían.
Mi abuelo tenía muchas, y hablando con franqueza, calculo que los fotógrafos - sin tener las maravillas que tenemos hoy en día - estaban bien entrenados, porque captan - en esencia - espontaneidad sin poses.
Tengo una que aprecio mucho, y que el día de ayer en medio de la talacha de ocupar el tiempo libre sin salir de casa, acomodando, clasificando, descartando, saltó de una caja en donde encontré diferentes momentos del pasado.
Antes de compartirla, va la reflexión... este estilo fotográfico se fue con muchas otras cosas, ahora nos tomamos "selfies" o "videos" e incluso convertimos la idea de captar la imagen y el momento en algo tan peligroso - por un lado - como banal por el otro.
Una sociedad que ya cambió y que todavía no encuentra el rumbo para recuperar la confianza...


martes, 22 de diciembre de 2015

Obras únicas

Mis abuelas reciclaban todo, en ocasiones mi madre y yo hacemos lo mismo.
Tengo años con un proyecto de colcha formada por blusas bordadas, que no me he atrevido a desechar porque hay horas de trabajo detrás de ellas, aunque en algunos puntos los agujeros de la tela hagan que no sea posible vestirlas... y allí siguen, esperando que haga algo al respecto.
También colecciono joyería de fantasía rota, esperando a ser reparada; una vez se me ocurrió "intervenir" una bolsa que tenía adornos que no me gustaban, pero no fue muy exitoso... me falta análisis y habilidades para hacer la síntesis.
Pero lo que es infalible es el reciclaje del refrigerador... mi Nane solía hacer piezas culinarias únicas con los restos que encontraba en el refrigerador, de allí - creo - surgió la idea que comparten ella y mi madre de que el refrigerador es un aparato mágico donde la comida puede durar casi por toda la eternidad... todavía no hemos tenido incidentes que contradigan sus teorías, básicamente porque mi Nane ya no tiene refrigerador (cumple 102 en diez días) y mi madre ya está comenzando a soltar algunas cosas (incluyendo los restos arqueológicos del refrigerador).
Uno de los trucos favoritos de ambas (y que también practico) es el de la comida reciclada... que consiste en elaborar un guiso nuevo combinando alguna cosa disponible en el refrigerador con otro plato; de esta manera, por una sola vez - porque está difícil que esto se repita - se consiguen efectos maravillosos.
Se me ocurre que sería una interesante tendencia culinaria, el preparar platos únicos, irrepetibles, a base de reciclaje... ¿nos llevará el modo de vida a considerar que este tipo de cocina se podría convertir en una propuesta de élite?

¡Buen provecho!


sábado, 19 de diciembre de 2015

Las pequeñas derrotas

No, no se trata de eventos frustantes, se trata de derrotas en su mínima expresión.
Estamos tan acostumbrados a pensar en que la vida debe tener un orden, que reaccionamos al desorden en muchas formas... negativas, y en el empeño de poner las cosas en orden, no siempre nos salimos con la nuestra, sino más bien terminamos derrotados.
La peor experiencia de derrota es pretender que el otro, aquél cercano, aquél con quien he convivido tanto tiempo, se acople a nuestros deseos e ideas.... imposible, el otro siempre será un misterio y tendrá voluntad propia, y así le corresponda vivir las consecuencias de sus acciones, depende del laberinto de sus pensamientos la decisión que tome al respecto.
El alma de la codependencia está precisamente en esa creencia de que nuestro esfuerzo terminará por transformar al otro en lo que imaginamos, en esa persona que piensa como una, actúa como una y tiene sus mismas virtudes... nada más lejano a la verdad.
Podemos parecernos, pero nunca podremos ocupar el lugar de otra persona; nunca se integrará al molde que creemos es el conveniente; el otro tomará su propia forma, y se llevará de una apenas lo suficiente... después elegirá construir quien es, o bien, ya lo ha elegido.
Sin embargo, en este proceso del otro al construirse, si es importante darle asideros firmes, sólidos... y cuando se rebela ante ellos... tenemos enfrente una pequeña derrota, no por ello menos dolorosa.
¿Qué queda entonces?
Recuperarse un poco y seguir, aunque al principio ni siquiera se pueda fijar un rumbo.
Porque lo único que debe superar el sentimiento de derrota es la esperanza, de que con suficiente empeño algún día se superará el bache.

Pequeñas derrotas, firmes esperanzas.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Aguas

La mañana del sábado la niña abrió la cortina de la habitación informándonos que ya había salido el sol... entonces vi al colibrí revoloteando.
Hay quien dice que es un signo de buena suerte, yo pienso que es un destello de esperanza... y pensé que la jornada tendría sus detalles pero finalmente terminaría bien.
Y así fue.
El día anterior habíamos llegado con 5 horas y media de carretera de por medio a Aguascalientes, sin mucho problema dí con el hotel (gracias Google Maps) e inicié los trámites correspondientes. No contaba con que los sistemas de información me harían una jugarreta... la maquinita imprimió un par de "vouchers" denegando una operación que SI me cargó el banco... y me dejó la tarjeta semi-vacía... a 500 km de casa, con poco dinero (suficiente para pagar la noche) y un entripado casi fatal... de cualquier forma y con el apoyo de un par de llamadas medio se resolvió (señores de Banamex, sigo esperando que me regresen el dinero)... y salimos adelante...
... por eso el colibrí fue más que bienvenido.
Medio día excursión al centro... y una catarina en mi brazo... señal dos... buena suerte.
¿Buena suerte? después de una breve y disfrutable expedición por el Museo de la Muerte (si, es necrofílico el asunto, pero es...) vamos pensando en regresar al hotel... ¡y no se para un taxi! (no sé si es buena o mala costumbre mía, si no domino el territorio y tengo poco tiempo, pido un taxi)... ¿y qué pasó con los signos de buena suerte? 40 minutos hasta que uno me dice que si voy para el norte de la ciudad si me lleva... tuve suerte, porque - como me dijo el chófer - en Aguascalientes el taxista elige al pasaje y no al revés... Debo confesar que en esos cuarenta minutos hubo momentos que eché de menos a mi amiga Meche... a ella seguro que sí le hacen la parada a la primera... pero la verdad es que a mi no se me da la pose y el estilo para lograrlo... yo estaba por ponerme a llorar.
El resto de la tarde y la noche, incluso la mañana siguiente, muy bien... objetivo cumplido, asistir a los quince años de mi sobrina, ver a mi prima, abrazar a familia y amigos de hace mucho tiempo... conocer a vista de pájaro Aguascalientes y finalmente reconocer que superé mi radio de manejo por mi cuenta... quizá algún día haga el viaje que una vez me propuse - pero en sentido contrario.
Lo que no podía faltar... que mi hija la emprendiera por su cuenta cuando dije "ya nos vamos" y efectuara uno de sus conocidos y angustiantes actos de desaparición... pero, la esperanza funcionó de nuevo... mirada al cielo para dar las gracias.
Regreso a casa sin contratiempo, en una tarde de domingo que - mientras hay sol - permite que los 500 kilómetros se disfruten, al menos los primeros 400... nubes de pájaros cruzando la carretera, sol, y cielo, ese cielo del Bajío, de los Altos, de Aguascalientes y Zacatecas... azul, frío, luminoso, acompañado del aire frío y el silencio que se puede abrazar.
¿Cómo no quedar invitada al regreso?





Museo Nacional de la Muerte, Aguascalientes.


Escalera (bloqueda) al cielo

lunes, 7 de diciembre de 2015

Estrategia y acción

Esta entrada tenía la intención de contar algunas peripecias de un fin de semana en Aguascalientes... pero me tropecé con una conversación hoy por la mañana que me dejó pensando.
¿Cómo se obtiene conformidad al cambio? ¿Infundiendo miedo o planteando razones?
El miedo es útil para obtener resultados rápidos y sin réplicas, ímaginar un escenario amenazante siempre mueve emociones, y de alguna manera activa mecanismos de sobrevivencia que - ante la urgencia - nos llevan a optar por la salida que se nos indica.
Por otra parte, la prisa por responder, la competitividad que impulsan a la anticipación, lleva a descartar aquéllo que quiza se toma su tiempo: exponer razones, dar explicaciones, decir "porqué".
Pero si hablamos de seres inteligentes, la convicción debería imponerse al miedo, a la incertidumbre... conocer razones nos permite elegir; el miedo no ayuda mucho, y mucho menos cuando uno descubre que a ese miedo le ha puesto más de su imaginación y experiencia que lo que en efecto es la realidad.
La transparencia, los planteamientos sintéticos e inteligentes, los datos, la escucha activa y los sueños y aspiraciones, pienso, son ingredientes de un liderazgo que pone en primer lugar a la dignidad de las personas en lugar de utilizarlos como medios para alcanzar fines a los que los demás ni siquiera aspiran...
No le podemos poner rejas a las escaleras que nos llevan al cielo...